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Ensayando a cuatro manos o dos pianistas en un metro cuadrado

Ensayando a cuatro manos o dos pianistas en un metro cuadrado

De todos los instrumentos quizás es el piano el más solitario. El resto saben que más tarde o más temprano tocarán una sonata para piano y X. Además, siempre ha existido cierta tendencia a educar al pianista como solista y, durante mucho tiempo, pianista acompañante o pianista de música de cámara podía parecer un premio de consolación a una carrera no consumada.

 
La realidad es que los pianistas pasamos mucho tiempo solos estudiando. Hace unos meses alguien me dijo que había dejado de tocar el piano porque tenía la sensación de pasar horas muertas delante de un mueble, un caso extremo y bastante cenizo, si bien es verdad que los pianistas mantenemos un contacto con el instrumento bastante particular, nunca lo compararía con mi escritorio.

 
Me explico. Tocamos tan solo con la superficie de los dedos (teclas) y una pequeña parte de la planta del pie (pedales). Además, en pocas ocasiones damos el recital en el mismo instrumento en el que hemos estado estudiando mil veces el mismo pasaje para que la vez número mil uno salga mal, porque el piano de la sala es más duro, más blando…o cualquier otra excusa.
¡Quién pudiera abrazarse al piano como a su propio acordeón!
 
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Finalmente nos queda la esperanza de romper la soledad en un ensayo, con un cantante, otro instrumento, quizás bailarines o bien la experiencia de tocar a 4 manos. Cuatro manos significa multiplicar por dos las dificultades, las propias limitaciones técnicas, pero también los talentos y el buen gusto. Por otra parte dividimos la anchura del teclado, siendo a menudo incómodo. Pero sucede algo especial: estás en contacto con alguien, personal y físicamente. Esto último no sucede cuando tocas con un violín. Me gusta que sea así, lo disfruto, en particular con mi amiga María. Estudiamos y tocamos juntos desde hace muchos años, sentimos la música y la respiramos al unísono, desciframos los pasajes complicados y la intención del compositor, y gozamos cuando la música fluye, tanto en los ensayos como cuando servimos de vehículo entre el alma del compositor y la del público.
 

Diego Guerrero

 

 

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