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Hoy te toca a ti

Hoy te toca a ti

Hoy te toca a ti. Me siento a escribir una entrada del blog como todos los miércoles y hoy sólo se me ocurre escribir de ti, o más bien escribirte a ti. Sí, seguramente esta no sea una entrada de interés para los seguidores de Arte entre Amigos, hoy no les voy a dar las gracias por seguir con nosotros ni les voy a anunciar el próximo concierto ni les voy a recomendar que vean un vídeo determinado. Hoy, el que quiera leerme, se va a encontrar con esta pequeña carta que va dirigida al cielo.

 
Dos años ya. Ayer precisamente me comentaba una amiga que el tiempo es relativo y así lo pienso yo también: ¿dos años es mucho?¿dos años es poco? Depende de para qué. A mi me parece imposible llevar dos años sin abrazarte, quizá lo aguanto porque al no tenerte fuera te siento dentro. Es increíble que la vida siga sin ti, pero así es, todo sigue igual pero nada es como antes. Tuve la suerte de vivir contigo, como si fuéramos una, el millón de horas que duró tu última enfermedad. Y digo la última porque la vida no se contentó con regalarte aquel síndrome extraño que te tuvo meses paralizada nada más jubilarte, no; cuando tomaste la decisión de empezar a disfrutar y vivir más para ti, después de una vida entregada a los demás, te cayeron de regalo dos enfermedades de las gordas, una detrás de otra. Para que luego digan que la vida es justa. Pero hay que reconocer que en todo ese proceso hemos vivido momentos maravillosos, que lo que hemos compartido y vivido juntas se queda para nosotras y nada ni nadie nos lo puede quitar; aunque suene a tópico para mí esa es mi mayor riqueza. Oigo muchas veces «está luchando contra el cáncer», «ha ganado la batalla» y cosas así, y me pongo mala: el cáncer ni se lucha ni se gana ni se pierde, el cáncer se vive y con él a veces se muere. Lo vive el que lo tiene dentro y el que decide acompañarle, se vive cada día, cada hora, con alegrías, con penas, con subidas, con bajadas, con risas, con llantos, con tratamientos, con pruebas y con todo lo que se ponga por delante, y se vive de la mejor manera que uno puede. Para mí tú lo viviste de un modo ejemplar y en ningún momento puedo decir que perdieras la batalla, porque ganaste el descanso que tanto te merecías.
 
Tengo en mi escritorio la foto en la que te estoy leyendo un libro en el patio del hospital. Siempre que la miro sonrío, en tu mirada no puede haber más admiración y era yo la que realmente te admiraba, no sé cómo aguantaste tanto. Me río recordando muchos de los momentos que vivimos allí, que en los últimos años era como nuestra casa. ¿Te acuerdas de la gitana dedicándote un baile por bulerías en la habitación porque eras la tía de su doctor?¿Y esas partidas de «La escoba» en las que yo jugaba con tus cartas y las mías porque tu apenas podías ya contar? Por no hablar de las mil y una anécdotas que nos procuraban las diferentes compañeras de habitación y de esas miradas con las que nos decíamos todo. Qué bien lo hemos pasado, mamá, hasta en esos momentos. Y cuánto te echo de menos.
 
Hoy hace un día de los que te gustan: frío, sol y cielo azul. Demasiado viento quizá. He desayunado café con porras en tu honor, esa costumbre que te acompañó hasta los últimos días; la monja del hospital no salía de su asombro, ¿recuerdas? Y entre misa, reuniones, estudio y clases pasaré el día, como todos los demás, porque aunque inevitablemente las fechas nos marquen, la vida transcurre como un día más.

 
 

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2 comentarios

  1. marina dice:

    Algo tan bello y hermoso, el amor de una madre a su hija y de su hija a su madre de forma incondicional
    Gracias María, gracias Carmen

  2. pilar dice:

    Nunca mejor descrito! Muy bonito!
    Un abrazo grande

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