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Tiempo para vivir

Tiempo para vivir

Tiempo para vivir. Vivimos inmersos en la dictadura del reloj, del tiempo, de los horarios y de las prisas. Oímos y decimos frecuentemente frases como «no tengo tiempo», «no me da la vida», «no doy para más», «me faltan horas», etc. Y postergamos actividades tan importantes (y que realmente llevan poco tiempo) como una llamada de teléfono o un café con un amigo porque si no hacemos todo lo demás creemos que se va a hundir el mundo, y no nos damos cuenta de que, sin esos minutos dedicados a nosotros mismos y a los demás, es un mundo mucho más importante el que se puede hundir.

En mi entorno dicen que mis días parecen tener 48 horas, seguramente he tenido la suerte de nacer con el don de la organización, aunque reconozco que en muchas ocasiones también siento que me faltan horas y que es muy habitual que en mi cabeza haya una lista de tareas pendientes; pero no pretendo dar lecciones sobre la organización del tiempo, para eso ya hay expertos, simplemente pretendo invitar a la reflexión y compartir con vosotros el disfrute de mi tiempo libre en estos últimos días.
 
Ha sido un año de mucho trabajo y mucho estudio, desde abril especialmente intenso, llegando a paralizar prácticamente mi vida por tener que centrarme en un objetivo y, quizá por eso, precisamente estoy disfrutando ahora mucho más de estos días de semivacaciones. Y digo semivacaciones porque Arte entre Amigos no descansa, la semana pasada llenamos de música una ceremonia religiosa con nuestros violines y un cincuenta cumpleaños con rumbas, y ya estamos ultimando celebraciones de septiembre en sitios tan especiales como la Ñ de Armiñán. En cualquier caso, ya puedo disfrutar de tiempo para mí, eso que durante el curso a veces se me olvida. Estoy recuperando el placer de la lectura sin que lo que lea sea nada que tenga que asimilar, memorizar o estudiar, sin que tenga una utilidad más allá del puro disfrute; estoy disfrutando de buenas películas, terrazas, exposiciones y conciertos, de quedadas con amigos y del placer de poder pasar un día entero con mi padre. Sí, porque esto en mi caso es un verdadero placer: la hora del vermouth, una buena pelicula, conversaciones a media tarde y, sobre todo, muchas risas. En esta vorágine de vida que comentaba al principio, a veces parece que atender a los padres es una obligación más de la lista, yo tengo la suerte de sentirlo como un placer y de mantener nuestro tiempo como sagrado en la siempre llena agenda.
He podido disfrutar de unos días de mar y cuento los días para llegar a mi adorada Punta Umbría, mi bidón de gasolina para todo el año. Y mientras tanto disfruto con lo que os comentaba y también de momentos, por qué no, de «dolce far niente». Hoy empezaré a observar mi armario con los consejos de Toca Tacón, visitaré mi querido Casa Club para un evento de septiembre, practicaré bonitas letras con el curso de Cristel Design y disfrutaré de «Todo esto te daré» en la piscina y de una apetecible comida de amigas en un japonés. Tiempo para todo. Así sí, con tiempo para vivir.
Blog Arte entre Amigos - Tiempo para vivir

María
 

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